Viento II

Te vendieron este imperio;
Querían salvarte de la modestia
Y lo incauto;
Prometieron despojar,
De tu desnudez,
Su indiscreto abandono,
Esa impúdica transparencia,
Inconforme en su suerte,
Que compartía su espíritu
Con la humildad de la tierra.

Te encandilaron con colores,
Cintas y banderas
De celebraciones forzadas;
Con un verde implantado
Enmudecido en recuerdos,
Sin palabras ni historias
Que abrumaran tu vista.
Te engañaron con lucecitas fingidas,
Animadoras expertas de la noche
Para olvidar sus oscuridades.

Y te dieron una jaula
De concreto y asfalto,
El engaño perfecto
A una libertad inexperta;
Donde el frío semblante
De criaturas caducas,
juguetes muertos que deambulan
Acompañando tus pasos,
Absortos en sus propios destinos
Intentan escapar de esa ciudad.

Conversaciones matutinas con el agua

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Concéntrate,
Olvida la fría timidez que la noche,
Con premeditación,
Inoculó en tus arterias.
A estas horas ya la almohada,
Con dócil paciencia,
Pronunció el último quejido
De su tortura nocturna;
Y dejó escapar,
Rescatando el semblante,
La gravedad de las zozobras
Que asfixiaban su imagen.

Yo he salido confiado
A encontrarme con tu abrazo
Aún envuelto en penumbras,
Casi ciego al escenario,
A esos indicios del mundo
Que se filtran en lo oscuro
Como un misterio de luces
En un teatro vacío;
Intentando frenar la osadía
De esos guiños lascivos
Que me lanzaban las sombras
Para recuperar mi pereza.

Desgárrame el sueño,
Roe cada esquina de su calma
Con tu excitado apetito;
Redúcelo a vapores,
Que se estampe en las paredes
Hasta que su apática mirada
Se disipe como una prófuga neblina;
Embístelo donde su piel rendida
No pueda ignorar la pasión de tu mordida,
Ni a la fiel indolencia que le acoge
Le queden ganas de resistirse
A la mañana.