Cobardía

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Si vas a echar
El ancla del mar
En mitad de la tormenta,
¡Ni lo intentes!
No despiertes a las nubes,
Su pereza no perdona
La falsa alarma de lluvia.
Deja que el viento repose
En su hipnótico descanso,
Que nunca tolera fastidios
Para unos cuantos bufidos.
Y a las olas…
Mejor mantenlas ajenas,
Por si acaso se rebelan
Y le estropean los planes
A tu cobarde desidia.

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Los vivos

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No me aguardaron los vivos;
Llegué tarde a despedirlos.
Por descansar sus memorias
Con ciegas prisas actuaron;
Y en las urgencias dictadas,
Exigentes, singulares,
De algún azar del destino,
Partieron.

No me aguardaron los vivos,
Ni sus fantasmas;
Que aunque eternos y prestos
A provocar los recuerdos,
Con sus espectros heridos
Por la distancia, por el vacío,
Hasta en lo oscuro del sueño
Ignoraron mi presencia.

No me aguardaron los vivos,
Solo sus restos
Se quedaron para hablarme;
El lastre de toda una cuesta,
Su peso en polvo,
En posos silentes y encerrados
Que me pidieron ayuda
Para eludir al olvido.

No me aguardaron los vivos;
Quizás del tiempo fue culpa.
¿O es que a mi miedo al tormento
De presenciar sus tropiezos,
Sus débiles pasos que en desconfianza
Del firme suelo ya andaban,
Por evitar los suspiros
Se le olvidó estar alerta?

No me aguardaron los vivos
-Nunca han sabido esperarme-