Silencio II

silencio

Se ha extraviado mi voz.
Poco a poco
fue perdiendo su instinto
de encontrar los caminos
para escapar de la calma,
donde fingir el irritante sopor
en sus flaquezas.
El silencio,
como un ocaso anunciado
cuando la ilusión fenece,
ha cubierto sus palabras
con un hábito de niebla,
gris,
apagado;
y en la holgura de su capa
ha ocultado
el siempre débil sonido
de sus rumores.
Se ha extraviado mi voz
en sus propios presagios
de ignorar las salidas;
se ha olvidado
de improvisar los atajos,
y ya no atina
ni cuando pisa en sus huellas.

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Estados de ánimo (día de lluvia)

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El día será largo y quebradizo.
Imposible desviar la vista
de este cielo agreste
que amaneció en tinieblas.
Al menor silencio
su mensaje ladrará en mi entraña
con un color de espanto;
y lo grave en su latir tupido
se podrá advertir,
como un galope salvaje
que castiga al temple
con su eco,
en esa fibra que siempre olvida,
por no dañar su capa,
la fría voluntad de la lluvia
en un otoño cualquiera.

El ángel de la memoria

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…y el hombre
invirtió en recuerdos.
Esculpió con ellos
Cada pisada de las sombras,
todos los silencios
que ibas dejando a tu paso
sobre las cosas corrientes.
Se tomó muy en serio
construir un altar
para invocar tu presencia;
un sitio sagrado
donde suplicar la imagen,
la réplica exacta
de tus vuelos pasados;
un templo imperturbable
para sus ratos de nostalgia.
Humilde,
ingenuo
-Más que nada mortal-
solo quería hacer de tu hechura
una efigie perpetua,
amable y sublime,
que a la primera mirada
ahuyentara a los demonios
de la desmemoria;
que tratara al tiempo
como un triste juguete exiliado
ya aburrido de su oficio;
e intentar que la costumbre
no moldeara tu cuerpo
con su herramienta de olvido.

Imagen sacada de: https://www.carruthstudio.com/products/Angel-Memories-Votive.aspx

Silencio I

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Quizás fue un encuentro casual.
Alguien te había dejado,
inmóvil,
en el sitio elegido.
Yo venía dando tumbos,
guiado por el azar
de un designio planeado,
marcado por un evento
severo y puntual,
y tropecé con tu imagen.
Mis miradas fueron flechas
intentando hacer blanco en tus ojos;
pero todas caían,
tímidas,
en terreno baldío,
sobre tu escudo
de apariencia inmutable.
Y se abrasó mi alma
en un vacío salvaje,
puro fuego,
voraz e insensible,
que incineró las palabras
antes que pudieran entonar,
del deseo,
su más vívida esperanza;
que desgarró sus virtudes,
sin piedad,
solo para invocar al silencio.

 

Participó en el reto de escritura de octubre “Escribir jugando” del blog de Lídia.