El farol

Aquel farol extravió su llama
en el remanso de la noche.
Asfixió la luz en su entraña
hasta olvidar el destello
que en sus latidos manaba.
La oscuridad vino entonces,
puntual,
a compartir de las sombras
el arrullo en sus desidias;
disfrazada de lumbre,
como un falso brillo
que busca complicidad
a sus carencias,
le susurró sus tinieblas;
y con los más mansos mimos,
sintiéndose dueña
de todo el espacio
donde su cuerpo yacía,
logró engañar al desvelo
con que alumbraba sus sueños.

Imagen tomada de: https://www.flickr.com/photos/26480634@N04/4098214800/in/photostream

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Viento VIII

Ya no sé,
viento,
si es la locura en tu espíritu
o la lucidez de tu alma
la pauta que rige
el misterio en tus actos;
esa luz constante,
implacable,
que a su paso resucita,
una a una,
las limallas olvidadas de esta vida;
que barre la nada
en los espacios colmados
de sueños huérfanos;
que pisa las sombras
de todo recuerdo
cuando comienzan a extinguirse
las verdades en sus ojos.

Ya no sé,
viento;
no puedo dar por cierto lo sublime,
ni lo ordinario
que han hecho suyas tus huellas;
porque descubrí al fantasma
del perdón y el destierro,
a ese ser que he creído
figura mansa de la ilusión,
del miedo,
como silbaba en tus brazos
para asustar los silencios;
porque ya me despistan los tonos
con que soplas desempolvando las cosas,
y los húmedos lamentos de las lágrimas
en el duelo que le guardas,
quién sabe dónde,
a la nostalgia.

Ya no sé,
viento,
cuál será el camino
dónde vas a descansar
con tu carga de historias;
la forma que adoptarás
para mitigar las ausencias
que quebraron la claridad
en su mañana más cruda;
ni la estrategia para condenar,
al olvido de las noches,
esos exilios que se han abierto
ante los sueños más dulces.

Ya no sé,
viento.
Ya nada sé.

Imagen sacada de https://www.flickr.com/photos/koeb/6351151789