El mago

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El mago ya no sube al escenario.
Cada día se mira al espejo,
donde el telón aún no ha bajado,
y se saca un as de la manga,
arrugado,
borroso;
pero con la misma habilidad de siempre.
Allá al fondo se escucha su sorpresa,
unos aplausos dispersos
y alguna que otra risita
que le recuerda al fracaso.
“¡No te preocupes!”
-Le dice a su reflejo-
Pronto será una paloma,
un conejo;
o un magistral acto de desaparición.