Las prisas (y el Verso)

Si amaneces sediento
no pienses tanto en palabras.
Bebe,
verso,
de la calma de los pantanos
que nacieron en la noche;
del silencio en las raíces
que no perturba a la tierra;
de la costumbre de la niebla
a deslizarse en sigilo.

Si despiertas con apetito de aire,
con la avidez de respirar y respirar
para aliviar la opresión de las sombras
que no pudieron marcharse,
inhala,
exhala,
verso,
según las normas de la inercia
en el recuerdo de un sueño.

Si abres los ojos y desesperas
por tantear la luz y secuestrar sus labios,
detente,
verso,
en ese umbral donde la urgencia
ni se preocupa ni se inquieta.
No te entregues al mundo
sin planear bien el beso,
sin imaginar las secuelas.
No pienses tanto en palabras.