Los nuevos sacerdotes

“- ¡Alfredo¡
– ¿Si?
– Puedes comenzar.”
Cinema Paradiso

Suena la campana
de los nuevos sacerdotes.
Trae fuego
y destrucción
con un sonido caduco;
deseos de amputar la historia
monumento a monumento:
sus partes bien escogidas
por la censura de moda.

Suena la campana
de los nuevos sacerdotes.
Son novatos espontáneos,
improvisados tenores de la verdad,
que voraces de oportunismo
amplifican la voz
para ver si su rabia hace eco
más allá de la espuma,
del gruñido.
Esos que solo conocen
las palabras para el insulto;
el sudor
-ajeno-
para la tertulia
en sus modernas capillas.
Los que visten la sotana
para lanzar piedras al arte
porque su religión lo permite;
y esparcen un subversivo sermón
que creen inmune a réplicas
y razones.

Suena la campana
de los nuevos sacerdotes.
Quieren amparar su rumor
bajo la libertad
y el derecho;
pero silencian la sensatez
en cada pedazo de vida,
y consideran obsceno un pasado
que vibre ajeno a su credo.

Suena la campana
de los nuevos sacerdotes.
¡Cerrad puertas y ventanas!
-por si acaso-

Pies en tierra

ilovegreeninspiration.com

Olvídate,
por un día,
de los sonidos asépticos
del aire.
Descarta el vuelo de los ángeles
si van vestidos de musas;
no pronuncies sus nombres
ni conjures la excelencia
de sus artes.
Retén esa inspiración
de amaneceres inmunes
vacunados contra la censura
-aunque salga de ti esa condena-.
Extravía el frescor
de tu lírica cristalina:
los desamores,
la soledad
y la nostalgia,
pueden esperar.
Baja,
al menos una vez,
a mezclarte con el barro
de las sinrazones terrenas;
que se camuflen tus sentidos
con cada mota del limo
que quedo en esos escombros
-quizás encuentres justicia-.
Ensúciate;
contamina tu piel
con el polvo acumulado
en las ruinas que dejó el silencio;
seguro que aciertas
y descubres la causa
donde tu grito es más fértil.
Y cava;
rebusca en las infamias
hasta que se desmayen tus dedos
de la erosión;
hay verdades ocultas
bajo capas de miedos
que necesitan un canto,
ver luz;
o sentir el arropo de alguna palabra
que no le importe
el peligro.

Expertos

Pides que caiga un diluvio;
que baje una tromba
corriendo cual sangre salvaje,
pura,
caliente,
para acallar el silencio de las calles
-que dices-
no te deja dormir.
Aseguras que hay vicio
y sequía
ocultos en cada esquina;
que toda ventana que mira afuera
luciendo la libertad en sus cristales
va llena de polvo,
de mugre pudiente
que infecta la vista
y atenta contra el sentido
de la equidad.
Reclamas,
con ademanes de experto,
esa nube tempestuosa
que barra venenos y roñas
según tu credo más fiero,
ajeno al suelo
y su historia.
Pero no conoces la tormenta
más allá de los escritos;
de los cuentos ilustrados
con seductoras estampas,
caligrafía perfecta
sobre papeles mortales.
No has visto de cerca el relámpago
ni su sonido afilado;
no has sufrido
la hipocresía en su luz,
que ilumina un instante
creyendo eterno,
y justo,
el destello;
que va a clavarse al oído
hasta asfixiarlo en estruendos
culpando luego a los vientos.
Y seguro,
de esa lluvia
que reivindicas con ansia,
nunca has probado una gota.

Aprendices

Se detuvo en seco y abrió los ojos cual pez sin sueño.
— Creo que es mejor regresar y volver otro día
— ¡¿Cómo?! Si ya casi estamos a punto de llegar. Llevamos horas siguiendo todas las señales. No podemos volver sin el conocimiento para nuestro próximo espectáculo.
— Créeme; hoy la dama de las nubes, la hechicera de pájaros, la emperactriz del viento no goza de buen humor para enseñarnos sus artes.
— ¿Y… cómo has llegado a esa conclusión?
— Mira hacia arriba. ¡Ves! Solo está usando su magia para crear aves negras e infernales tormentas.

Micro para el reto de escritura de Junio “Escribir jugando” del blog de Lidia