El Ángel del umbral del sueño

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Solo recuerdo haber escuchado
que las palabras se salvarían
de la quema nocturna.
Tu ya habías hecho tu trabajo:
bajaste al sótano
donde los secretos aguardaban,
húmedos y sombríos,
por la salvación de tus pasos.
Desnudaste el instinto
en el rincón adecuado
para que su sombra
no discrepara en enigmas
con la insumisa penumbra.
Sacudiste los recuerdos,
las ilusiones,
esas mansas y eternas arrendatarias
de quién sabe qué responsables locuras.
Y justo allí,
donde la noche,
con toda confianza,
recitaba sus mantras
para desvanecer
los imposibles del tiempo,
me alejé de tu rastro.
Solo recuerdo tu voz
desde la orilla donde el alma yacía,
repitiendo en su idioma
como una onda extenuada,
que las palabras se salvarían,
resucitarían en las primeras luces
de cualquier ventana.
Yo te creí,
rindiendo la conciencia
ante el despiste del sueño.
¿O fue quizás otro albor
el que logró engañar al desvelo?

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Autoestima

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Se escucha el rugido
de un felino asustado;
intenta atravesar la noche
con el miedo en los ojos;
ahuyentar los fantasmas
que vagan perdidos
en el bosque del alma.
Su color podría imponerse
a todo rechazo;
en el andar
sería capaz de quebrar
al agravio más fiero
que se enfrente a su imagen;
le sobran las vidas
para tentar a la suerte
sin importar los fracasos.
Pero no lo sabe:
sigue viendo en su reflejo
la timidez del minino;
ese temor de gritar
para absolver al coraje
de la calma en su encierro.
Y ante la vida…
Se ovilla.

 

Poema para el reto de escritura de noviembre “Escribir jugando” del blog de Lídia.

Silencio II

silencio

Se ha extraviado mi voz.
Poco a poco
fue perdiendo su instinto
de encontrar los caminos
para escapar de la calma,
donde fingir el irritante sopor
en sus flaquezas.
El silencio,
como un ocaso anunciado
cuando la ilusión fenece,
ha cubierto sus palabras
con un hábito de niebla,
gris,
apagado;
y en la holgura de su capa
ha ocultado
el siempre débil sonido
de sus rumores.
Se ha extraviado mi voz
en sus propios presagios
de ignorar las salidas;
se ha olvidado
de improvisar los atajos,
y ya no atina
ni cuando pisa en sus huellas.

Estados de ánimo (día de lluvia)

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El día será largo y quebradizo.
Imposible desviar la vista
de este cielo agreste
que amaneció en tinieblas.
Al menor silencio
su mensaje ladrará en mi entraña
con un color de espanto;
y lo grave en su latir tupido
se podrá advertir,
como un galope salvaje
que castiga al temple
con su eco,
en esa fibra que siempre olvida,
por no dañar su capa,
la fría voluntad de la lluvia
en un otoño cualquiera.

El ángel de la memoria

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…y el hombre
invirtió en recuerdos.
Esculpió con ellos
Cada pisada de las sombras,
todos los silencios
que ibas dejando a tu paso
sobre las cosas corrientes.
Se tomó muy en serio
construir un altar
para invocar tu presencia;
un sitio sagrado
donde suplicar la imagen,
la réplica exacta
de tus vuelos pasados;
un templo imperturbable
para sus ratos de nostalgia.
Humilde,
ingenuo
-Más que nada mortal-
solo quería hacer de tu hechura
una efigie perpetua,
amable y sublime,
que a la primera mirada
ahuyentara a los demonios
de la desmemoria;
que tratara al tiempo
como un triste juguete exiliado
ya aburrido de su oficio;
e intentar que la costumbre
no moldeara tu cuerpo
con su herramienta de olvido.

Imagen sacada de: https://www.carruthstudio.com/products/Angel-Memories-Votive.aspx

Silencio I

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Quizás fue un encuentro casual.
Alguien te había dejado,
inmóvil,
en el sitio elegido.
Yo venía dando tumbos,
guiado por el azar
de un designio planeado,
marcado por un evento
severo y puntual,
y tropecé con tu imagen.
Mis miradas fueron flechas
intentando hacer blanco en tus ojos;
pero todas caían,
tímidas,
en terreno baldío,
sobre tu escudo
de apariencia inmutable.
Y se abrasó mi alma
en un vacío salvaje,
puro fuego,
voraz e insensible,
que incineró las palabras
antes que pudieran entonar,
del deseo,
su más vívida esperanza;
que desgarró sus virtudes,
sin piedad,
solo para invocar al silencio.

 

Participó en el reto de escritura de octubre “Escribir jugando” del blog de Lídia.

El ángel despertador

reloj

¡Para ya de chillar,
maldita y madrugadora
aparición con alas!
Siempre escupiendo en mi cara
la dosis estricta,
la exacta medida
de ese sonido crispante
que tanto detesta
mi letargo nocturno.
Oportuno con la luz,
da igual el resquicio
que se cruce a tu paso,
parece que supieras
el momento preciso
para interrumpir mi sueño
en su más goloso instante.
¡Apiádate de mí!
¿No puedes ver,
por el ciego contrato
que has pactado en la noche,
por la voluntad de acero
para cumplir con tu voto,
que mis ojos no aguantan
todo el peso del mundo
en tan tempranos reflejos;
que mi cuerpo responde,
con un firme alegato,
a favor de la pereza
y su glorioso encanto?
Te lo suplico,
desde la cómoda calidez
con la que el lecho me abraza,
concédeme el deleite
de esos escasos minutos
donde hasta el reloj se olvida
de preguntar por tu nombre.

 

Imagen sacada de: https://www.figuren-shop.de