Tiempo IV

Dame de tu savia
sin reparos.
Déjame beber con ganas
de la fuente que tu cauce inunda,
libre en la condena de evocar
el nombre que elegiste;
ingenuo del peligro
de mitigar toda esta sed de otoño
sorbiendo cada gota
con la avidez de lo lozano;
despertando ese ímpetu sensato
que alguna vez fue franco
e imprudente.
Permite que se calme mi garganta
sin que sienta el peso
del agua que custodias;
ignorando la huella,
cada vez más grave y turbulenta,
de su torrente.
Consiente que mis manos
sean el cuenco de los excesos piadosos,
la humilde vasija que no deje escapar
ni un suspiro de los antiguos reflejos;
pero no inocules,
en la oquedad de sus firmezas,
el miedo a la gélida sensación
que se adivina en tu mirada.

Anuncios

Conversaciones matutinas con el agua

istock474226884-880x250

Concéntrate,
Olvida la fría timidez que la noche,
Con premeditación,
Inoculó en tus arterias.
A estas horas ya la almohada,
Con dócil paciencia,
Pronunció el último quejido
De su tortura nocturna;
Y dejó escapar,
Rescatando el semblante,
La gravedad de las zozobras
Que asfixiaban su imagen.

Yo he salido confiado
A encontrarme con tu abrazo
Aún envuelto en penumbras,
Casi ciego al escenario,
A esos indicios del mundo
Que se filtran en lo oscuro
Como un misterio de luces
En un teatro vacío;
Intentando frenar la osadía
De esos guiños lascivos
Que me lanzaban las sombras
Para recuperar mi pereza.

Desgárrame el sueño,
Roe cada esquina de su calma
Con tu excitado apetito;
Redúcelo a vapores,
Que se estampe en las paredes
Hasta que su apática mirada
Se disipe como una prófuga neblina;
Embístelo donde su piel rendida
No pueda ignorar la pasión de tu mordida,
Ni a la fiel indolencia que le acoge
Le queden ganas de resistirse
A la mañana.

Aviso de tormenta

Volando - Flying (blanco y negro)

Nadie te explicó que la lluvia,
Cuando duerme tras su drama,
No repetirá del llanto
El mismo sabor a fracaso.
Ni que la sed del aire,
En la insensata actuación
Que provocó la tormenta,
Tampoco volverá
A satisfacer la angustia
De su voraz injusticia
Con similares lamentos,
Aun sabiendo que la esencia
De esa liviana conducta,
Que ahora descansa serena
En la nostalgia del sueño,
Tornará a morir,
Como una ingenua neblina,
En sus brazos.
Nadie te dijo,
Inmóvil transeúnte,
Que allí donde yació,
Abandonado,
El húmedo cuerpo
De aquella frágil borrasca,
Nunca más prosperaron
Los reflejos incautos.
Y es por eso que aún predices,
Que la imagen que recuerdas
De los grisáceos momentos
Que ya secaron sus sombras,
Volverá a asfixiar su rostro
En esas lágrimas mansas
Cuándo se nuble tu estancia.

 

Imagen sacada de: https://www.flickr.com/photos/evaceprian