Tiempo IV

Dame de tu savia
sin reparos.
Déjame beber con ganas
de la fuente que tu cauce inunda,
libre en la condena de evocar
el nombre que elegiste;
ingenuo del peligro
de mitigar toda esta sed de otoño
sorbiendo cada gota
con la avidez de lo lozano;
despertando ese ímpetu sensato
que alguna vez fue franco
e imprudente.
Permite que se calme mi garganta
sin que sienta el peso
del agua que custodias;
ignorando la huella,
cada vez más grave y turbulenta,
de su torrente.
Consiente que mis manos
sean el cuenco de los excesos piadosos,
la humilde vasija que no deje escapar
ni un suspiro de los antiguos reflejos;
pero no inocules,
en la oquedad de sus firmezas,
el miedo a la gélida sensación
que se adivina en tu mirada.

Conversaciones matutinas con el agua

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Concéntrate,
Olvida la fría timidez que la noche,
Con premeditación,
Inoculó en tus arterias.
A estas horas ya la almohada,
Con dócil paciencia,
Pronunció el último quejido
De su tortura nocturna;
Y dejó escapar,
Rescatando el semblante,
La gravedad de las zozobras
Que asfixiaban su imagen.

Yo he salido confiado
A encontrarme con tu abrazo
Aún envuelto en penumbras,
Casi ciego al escenario,
A esos indicios del mundo
Que se filtran en lo oscuro
Como un misterio de luces
En un teatro vacío;
Intentando frenar la osadía
De esos guiños lascivos
Que me lanzaban las sombras
Para recuperar mi pereza.

Desgárrame el sueño,
Roe cada esquina de su calma
Con tu excitado apetito;
Redúcelo a vapores,
Que se estampe en las paredes
Hasta que su apática mirada
Se disipe como una prófuga neblina;
Embístelo donde su piel rendida
No pueda ignorar la pasión de tu mordida,
Ni a la fiel indolencia que le acoge
Le queden ganas de resistirse
A la mañana.

Aviso de tormenta

Volando - Flying (blanco y negro)

Nadie te explicó que la lluvia,
cuando duerme tras su drama,
no repetirá del llanto
el mismo sabor a fracaso.
Ni que la sed del aire,
en la insensata actuación
que provocó la tormenta,
tampoco volverá
a satisfacer la angustia
de su voraz injusticia
con similares lamentos,
aun sabiendo que la esencia
de esa liviana conducta,
que ahora descansa serena
en la nostalgia del sueño,
tornará a morir,
como una ingenua neblina,
en sus brazos.
Nadie te dijo,
inmóvil transeúnte,
que allí donde yació,
abandonado,
el húmedo cuerpo
de aquella frágil borrasca,
nunca más prosperaron
los reflejos incautos.
Y es por eso que aún predices,
que la imagen que recuerdas
de los grisáceos momentos
que ya secaron sus sombras,
volverá a asfixiar su rostro
en esas lágrimas mansas
cuándo se nuble tu estancia.

Imagen sacada de: https://www.flickr.com/photos/evaceprian