El árbol

Han descuajado un árbol.”
Rafael Alberti

Todo se resume a esto:
esperar por el hacha
con inmóvil paciencia.
Mientras tanto vas bebiendo,
embriagándote de lluvia
en tu sedienta rutina;
curtiéndote al sol
sin permitir a las sombras
más alivio que el pactado;
aprendiendo,
conformando la apariencia en cada viento
aunque su furia te espante;
soñando
-¡¿despierto?!-
con unas raíces que te consientan saltar
más allá de esos anclajes
que te mantienen a salvo.

Maltrato

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¡Llora!
No dejes que tus ramas
finjan en silencio
el agravio de las estaciones.
Indefensa y desnuda
tu alma ya cede;
se percibe en su paisaje
el desolado aislamiento,
la suerte amarga,
el compromiso mellado
de unas raíces
que han consolado tu imagen
siempre al borde del abismo.
¡Grita!
al menos en lágrimas,
todas las injusticias
que inclinaron la balanza
hasta marchitar tu tronco;
para que te escuche el viento
y que su arrullo te anime;
para que se entere la lluvia
y redima tu llanto.

Me he decidido a participar en el reto de escritura de agosto “Escribir jugando” del blog de Lídia.

Historia de otoño III

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¿Es la hora?
¡He esperado este instante tantas veces!
Imaginando mi caída
En el azar de un vuelo errante,
Salpicada por la lluvia,
Columpiada entre la niebla;
Ya casi incorpórea,
Traslúcida en mi deseo de reposo;
A punto de ser un sueño suicida
Que se asoma al abismo
De su despertar.

¿Es la hora?
Creo haber escuchado su resignación jadeante,
El desconsolado quejido
De un madero seco
Desvariando con el viento;
Y ese frío sollozo que estalla
A la proximidad de una ausencia,
Por saber lo inevitable
De una lánguida despedida,
De un adiós despojado de excusas
Para demorar su alegato.

Ya es hora.
Me voy a recorrer el camino del olvido;
A dejar que me arremoline
En su primer y último baile.
Me voy a conocer la tierra
Que esconderá mis secretos.
¡Ven viento!
Desata el invernal y dulce canto
Donde los recuerdos se duermen
Para mitigar sus nostalgias.
No me hagas esperar más.

Historia de otoño II

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Voy a entregar al viento
Estas últimas hojas;
Vencidas;
Desvanecidas en el arrullo,
En el apacible acunar del tiempo
Que trae del sueño
Su mas eterno descanso.
Me ha hecho saber
Que ya no puedo dar sostén
A la incómoda levedad
Que las sostiene;
Que en vano
Intento aferrarme,
Con demencial angustia,
fingiendo indiferencia,
A sus lejanos espíritus
Ya desechos y marchitos.
Espero que no me esconda sus vuelos;
No intentaré descubrir
El camino de las huellas
Que dibujarán en su regazo.
Prometo dejarlas dormir
Al amparo de la lluvia,
Bajo un manto de nieve…
No iré a buscarlas
Donde quiera que las oculte,
Ni preguntaré en que suelo las posará
Para dar sosiego a sus restos;
En que raíz
-O en que olvido-
Va a abandonar sus migajas.
Solo quiero sentir como se alejan,
La fría y húmeda sensación de una partida,
Hasta perder el recuerdo,
De que cierta vez,
Fueron savia en mis ramas.

Imagen sacada de: http://m.blog.daum.net/susank/3513?categoryId=12