Dador

teatro-vacio

Vendría todas las noches
-íntegro yo-
Ya ilustrado en tus movimientos;
Emancipado de sorpresas y espasmos,
De la vieja avidez por lo sensual-maravilloso.
Vendría con el mismo silencio
Y los mismos ojos;
Con la repetición de este inmortal deseo,
Sutil,
Inconforme;
Que no satura su instinto con imágenes;
Que no ancla su ansia a ángulos y distancias,
A luces o sombras.
Vendría a verte diva,
Guerrera,
Mujer,
Ensueño;
Personaje de un cuento,
Fantástica,
Enigmática;
A verte sudar bajo las candilejas,
Trigueña,
Real,
Sencilla,
Lejana;
Rodeada de humo,
Brillo,
Lienzos,
Artefactos;
Cercada de manos
Que te envuelven en el mágico designio
De perturbar la calma,
El raciocinio de lo que se sabe prohibido.
Vendría a verte danza,
Melodía y cadencia,
Desesperación,
Muerte,
Mar,
Venus,
Cópula.
A verte sin nombre y desnuda,
Piel y alma expuestas
Sin límites
Ni recatos.
Y me iría sobre mis propios pasos;
Con el mismo silencio,
Con los mismos ojos,
Con mi inmortal deseo;
Simplemente a soñar.

 

Recuerdo haber escrito este poema antes de 2005, la misma noche que llegue a casa después de asistir a una función de teatro de la compañía de Danza Combinatoria de Rosario Cárdenas, en La Habana. La obra se titula “Dador”. He cometido el delito de modificar algunas frases y palabras. No es que reniegue la forma de mis antiguos escritos, pero he creído oportuno darle algo más de la poca experiencia en la escritura que he podido acumular desde entonces. Eso sí, no he retocado nada del recuerdo de aquel día.

Imagen sacada de: http://juanlopezlopez.es/images/teatro-vacio.jpg