Conversaciones matutinas con el agua

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Concéntrate,
Olvida la fría timidez que la noche,
Con premeditación,
Inoculó en tus arterias.
A estas horas ya la almohada,
Con dócil paciencia,
Pronunció el último quejido
De su tortura nocturna;
Y dejó escapar,
Rescatando el semblante,
La gravedad de las zozobras
Que asfixiaban su imagen.

Yo he salido confiado
A encontrarme con tu abrazo
Aún envuelto en penumbras,
Casi ciego al escenario,
A esos indicios del mundo
Que se filtran en lo oscuro
Como un misterio de luces
En un teatro vacío;
Intentando frenar la osadía
De esos guiños lascivos
Que me lanzaban las sombras
Para recuperar mi pereza.

Desgárrame el sueño,
Roe cada esquina de su calma
Con tu excitado apetito;
Redúcelo a vapores,
Que se estampe en las paredes
Hasta que su apática mirada
Se disipe como una prófuga neblina;
Embístelo donde su piel rendida
No pueda ignorar la pasión de tu mordida,
Ni a la fiel indolencia que le acoge
Le queden ganas de resistirse
A la mañana.