Historia de otoño IV

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Ven a mí.
Aguardo tu llegada
Desde que eras un retoño
-Mi paciencia es eterna-
He observado en silencio
El verdor de tu risa;
La primavera que hacía en tu rama
Una cómoda hamaca
Donde olvidar los insomnios;
Tu ir y venir
En un polvoriento rayo de sol
Que descubría del cuerpo
El milagro de la vida;
El canto improvisado por la lluvia,
Cálida melodía,
Para calmar esas dudas
Que acumulaban tus nervios.
Pero la luz ha cambiado;
Las sombras se han rendido,
Y la tibia sensación
De flotar en la nada
Se ha esfumado
En tu débil recuerdo.
Y por eso te invito
A que vengas a mí.
Te ofrezco mi pecho
Para que albergues
El último suspiro
De tu memoria.
Tu cuerpo inerte,
Indefenso ante el tiempo,
Sofocado por un viento
Que nunca ceja en su empeño
En demostrar lo inútil
De resistirse a su roce,
Tu alma fatigada
Ya te pide descanso.
Yo sabré proteger tu espíritu,
Y devolverlo a este mundo.

Historia de otoño III

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¿Es la hora?
¡He esperado este instante tantas veces!
Imaginando mi caída
En el azar de un vuelo errante,
Salpicada por la lluvia,
Columpiada entre la niebla;
Ya casi incorpórea,
Traslúcida en mi deseo de reposo;
A punto de ser un sueño suicida
Que se asoma al abismo
De su despertar.

¿Es la hora?
Creo haber escuchado su resignación jadeante,
El desconsolado quejido
De un madero seco
Desvariando con el viento;
Y ese frío sollozo que estalla
A la proximidad de una ausencia,
Por saber lo inevitable
De una lánguida despedida,
De un adiós despojado de excusas
Para demorar su alegato.

Ya es hora.
Me voy a recorrer el camino del olvido;
A dejar que me arremoline
En su primer y último baile.
Me voy a conocer la tierra
Que esconderá mis secretos.
¡Ven viento!
Desata el invernal y dulce canto
Donde los recuerdos se duermen
Para mitigar sus nostalgias.
No me hagas esperar más.

Historia de otoño II

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Voy a entregar al viento
Estas últimas hojas;
Vencidas;
Desvanecidas en el arrullo,
En el apacible acunar del tiempo
Que trae del sueño
Su mas eterno descanso.
Me ha hecho saber
Que ya no puedo dar sostén
A la incómoda levedad
Que las sostiene;
Que en vano
Intento aferrarme,
Con demencial angustia,
fingiendo indiferencia,
A sus lejanos espíritus
Ya desechos y marchitos.
Espero que no me esconda sus vuelos;
No intentaré descubrir
El camino de las huellas
Que dibujarán en su regazo.
Prometo dejarlas dormir
Al amparo de la lluvia,
Bajo un manto de nieve…
No iré a buscarlas
Donde quiera que las oculte,
Ni preguntaré en que suelo las posará
Para dar sosiego a sus restos;
En que raíz
-O en que olvido-
Va a abandonar sus migajas.
Solo quiero sentir como se alejan,
La fría y húmeda sensación de una partida,
Hasta perder el recuerdo,
De que cierta vez,
Fueron savia en mis ramas.

Imagen sacada de: http://m.blog.daum.net/susank/3513?categoryId=12