Tiempo IV

Dame de tu savia
sin reparos.
Déjame beber con ganas
de la fuente que tu cauce inunda,
libre en la condena de evocar
el nombre que elegiste;
ingenuo del peligro
de mitigar toda esta sed de otoño
sorbiendo cada gota
con la avidez de lo lozano;
despertando ese ímpetu sensato
que alguna vez fue franco
e imprudente.
Permite que se calme mi garganta
sin que sienta el peso
del agua que custodias;
ignorando la huella,
cada vez más grave y turbulenta,
de su torrente.
Consiente que mis manos
sean el cuenco de los excesos piadosos,
la humilde vasija que no deje escapar
ni un suspiro de los antiguos reflejos;
pero no inocules,
en la oquedad de sus firmezas,
el miedo a la gélida sensación
que se adivina en tu mirada.

Tankas (cuentos infantiles) I, II, III

I

¡Niña ingenua!
No regreses al bosque.
¿Qué vas a buscar?
En los ojos del lobo
Otra noche morirás.

II

Incomprendida.
Juventud y belleza
De mi pasaron.
Y lanzo al espejo
La súplica: ¡miénteme!

III

La verdad muere.
Marioneta sin hilos
Y sin conciencia.
Alérgico madero
Hinchado de mentiras.

Esto de hacer Tankas es un vicio. No sé si estoy en lo poéticamente correcto, pero me estoy divirtiendo mientras escribo. Y la verdad verdadera: la idea de los cuentos infantiles no sé de donde la he sacado.