Peter

Peter pan’s Shadow by iconoclastic-beleifs

No fue tu sombra
la que encontraste,
Peter.
Esa oscuridad,
que va y viene en los desvelos,
le es ajena a tus pasos;
no siente la claridad
con el ánimo
para despertar libre,
optimista,
inocente a cada mañana;
y se arrastra lenta
e indecisa
por esas ilusiones
que aún recuerdan su aspecto.
¿Fue un descuido del deseo,
que en su afán por crecer
salvando lo ingenuo
en los besos,
olvidó abrir su ventana;
la obsesión
por comprender la luz
desde la imagen
de un niño?
No fue tu sombra
la que encontraste,
Peter.
Fue solo un triste reflejo
que le mintió a tu abandono;
el eco de un falso brillo,
agotado,
que buscaba apagarse
para irritar a los sueños;
una raíz oscura,
rancia
y tozuda
que nunca supo volar.

Los días pasan…

Interpretación de “Sol de Mañana” de Edward Hopper para portada de “La desaparición de Stephanie Mailer

Ven noche
Suene el reloj
Los días pasan
Yo no.

G. Apollinaire.

Me muevo ajeno
a cualquier calendario.
Los días son sumas
de las mismas palabras;
restas de tiempo
sobre sus hojas en blanco.
Ando con sueño de este mundo;
con pereza de cualquier otro.
Tengo el espíritu cansado
y los hombros
que ya no sostienen
ni el peso del aire.
Mantengo abierta la ventana
que me cuenta
la noche y el día;
una abertura
para contemplar
las direcciones del viento;
los caminos
por los que algunos van
y otros vienen
-el sentido lo imagino
con la voluntad del aliento-
por los que algunos se van,
y otros…
¡qué más da!
¿Valdrá la pena
seguir adivinando,
en números y fórmulas,
con frases caducas
que regurgitan su ira,
este infinito que se alarga
repitiendo los pasos;
el avaro universo
que solo compensa
mi vista extenuada,
la mente irascible,
el músculo apagado,
con unos soles fugaces?

Me muevo ajeno
a cualquier calendario.
“Los días pasan,
yo no.”

Los nuevos sacerdotes

“- ¡Alfredo¡
– ¿Si?
– Puedes comenzar.”
Cinema Paradiso

Suena la campana
de los nuevos sacerdotes.
Trae fuego
y destrucción
con un sonido caduco;
deseos de amputar la historia
monumento a monumento:
sus partes bien escogidas
por la censura de moda.

Suena la campana
de los nuevos sacerdotes.
Son novatos espontáneos,
improvisados tenores de la verdad,
que voraces de oportunismo
amplifican la voz
para ver si su rabia hace eco
más allá de la espuma,
del gruñido.
Esos que solo conocen
las palabras para el insulto;
el sudor
-ajeno-
para la tertulia
en sus modernas capillas.
Los que visten la sotana
para lanzar piedras al arte
porque su religión lo permite;
y esparcen un subversivo sermón
que creen inmune a réplicas
y razones.

Suena la campana
de los nuevos sacerdotes.
Quieren amparar su rumor
bajo la libertad
y el derecho;
pero silencian la sensatez
en cada pedazo de vida,
y consideran obsceno un pasado
que vibre ajeno a su credo.

Suena la campana
de los nuevos sacerdotes.
¡Cerrad puertas y ventanas!
-por si acaso-

Pies en tierra

ilovegreeninspiration.com

Olvídate,
por un día,
de los sonidos asépticos
del aire.
Descarta el vuelo de los ángeles
si van vestidos de musas;
no pronuncies sus nombres
ni conjures la excelencia
de sus artes.
Retén esa inspiración
de amaneceres inmunes
vacunados contra la censura
-aunque salga de ti esa condena-.
Extravía el frescor
de tu lírica cristalina:
los desamores,
la soledad
y la nostalgia,
pueden esperar.
Baja,
al menos una vez,
a mezclarte con el barro
de las sinrazones terrenas;
que se camuflen tus sentidos
con cada mota del limo
que quedo en esos escombros
-quizás encuentres justicia-.
Ensúciate;
contamina tu piel
con el polvo acumulado
en las ruinas que dejó el silencio;
seguro que aciertas
y descubres la causa
donde tu grito es más fértil.
Y cava;
rebusca en las infamias
hasta que se desmayen tus dedos
de la erosión;
hay verdades ocultas
bajo capas de miedos
que necesitan un canto,
ver luz;
o sentir el arropo de alguna palabra
que no le importe
el peligro.

Expertos

Pides que caiga un diluvio;
que baje una tromba
corriendo cual sangre salvaje,
pura,
caliente,
para acallar el silencio de las calles
-que dices-
no te deja dormir.
Aseguras que hay vicio
y sequía
ocultos en cada esquina;
que toda ventana que mira afuera
luciendo la libertad en sus cristales
va llena de polvo,
de mugre pudiente
que infecta la vista
y atenta contra el sentido
de la equidad.
Reclamas,
con ademanes de experto,
esa nube tempestuosa
que barra venenos y roñas
según tu credo más fiero,
ajeno al suelo
y su historia.
Pero no conoces la tormenta
más allá de los escritos;
de los cuentos ilustrados
con seductoras estampas,
caligrafía perfecta
sobre papeles mortales.
No has visto de cerca el relámpago
ni su sonido afilado;
no has sufrido
la hipocresía en su luz,
que ilumina un instante
creyendo eterno,
y justo,
el destello;
que va a clavarse al oído
hasta asfixiarlo en estruendos
culpando luego a los vientos.
Y seguro,
de esa lluvia
que reivindicas con ansia,
nunca has probado una gota.

Aprendices

Se detuvo en seco y abrió los ojos cual pez sin sueño.
— Creo que es mejor regresar y volver otro día
— ¡¿Cómo?! Si ya casi estamos a punto de llegar. Llevamos horas siguiendo todas las señales. No podemos volver sin el conocimiento para nuestro próximo espectáculo.
— Créeme; hoy la dama de las nubes, la hechicera de pájaros, la emperactriz del viento no goza de buen humor para enseñarnos sus artes.
— ¿Y… cómo has llegado a esa conclusión?
— Mira hacia arriba. ¡Ves! Solo está usando su magia para crear aves negras e infernales tormentas.

Micro para el reto de escritura de Junio “Escribir jugando” del blog de Lidia

Oda al calcetín con agujero

Lucky Patriots Sock – Chip Griffin

A Neruda

Mutilado sin remedio;
digno veterano de porte raído
que hueles a sueño estancado,
a inevitable partida.
Inerte funcionario
del confort y el amparo,
desvaído en tu oficio
que por inercia
su contrato no acaba.
Áspero,
mustio;
despeinado y arrugado
sirviente de mis pasos.
Devoto resignado
a guardar silencio;
fiel confidente
de las iras y agravios
de corrompidos aromas.
Ilustre en colores vagos,
en estampados seniles.
Se que aún finges ser diestro
en tu más noble conducta,
esa obediencia sin tacha
de la que siempre he abusado;
pero prudencia,
que tu pasión no es un templo
para intentar imposibles
rezando solo al pasado;
y retírate al olvido
mientras tu gloria esté intacta.
Ten,
el justo pago a la bondad,
a tu paciencia;
el merecido equilibrio
a la humillación
de estos años:
te libero.
¡Adiós!
¡A la basura!

Lluvia II

Escucha,
lluvia,
el clamor de los paraguas
navegando en la sequía.
Si el árido cielo,
experto en auditar lamentos,
en decidir,
con un gesto,
qué deseo vive,
cual es el sueño que merece abrir los ojos
y afianzar sus causas,
solo mira abajo para fascinar
a los cómplices de la sed
y las penurias;
para seducir a los aprendices
de lo estéril,
a los sabios obsoletos
que nunca reconocieron la historia
de la putrefacción,
del hambre;
y oculta la humedad de tu rostro
según convenga a su credo,
con las mentiras más falsas
que la modestia en su altura;
tendrás que decidir ser libre
y caer…
caer…
caer…
sin temer al castigo
que te impondrá el supremo
de ese único reino,
injusto,
que se piensa eterno,
absoluto.

Demostración de poder

Pudo más el nervio,
su incontrolable fibra silente,
que dejó solo óxido y ardor
como consuelos;
esquirlas de carne indefensa,
desorientadas
y decrépitas,
mendigando el absurdo placer
en la terquedad de los castigos.
Pudo más el impulso ilógico
al dolor de las ruinas;
a la delicia áspera,
amarga,
que se aferraba a los desgarros.
Pudo mucho más el nervio,
que conquistó como un bárbaro
la cúspide de sus dedos.

Las prisas (y el Verso)

Si amaneces sediento
no pienses tanto en palabras.
Bebe,
verso,
de la calma de los pantanos
que nacieron en la noche;
del silencio en las raíces
que no perturba a la tierra;
de la costumbre de la niebla
a deslizarse en sigilo.

Si despiertas con apetito de aire,
con la avidez de respirar y respirar
para aliviar la opresión de las sombras
que no pudieron marcharse,
inhala,
exhala,
verso,
según las normas de la inercia
en el recuerdo de un sueño.

Si abres los ojos y desesperas
por tantear la luz y secuestrar sus labios,
detente,
verso,
en ese umbral donde la urgencia
ni se preocupa ni se inquieta.
No te entregues al mundo
sin planear bien el beso,
sin imaginar las secuelas.
No pienses tanto en palabras.