Palco de sol

palco

A su palco de sol
Se asoma cada día.
Frágil es su estampa,
Ese legado del tiempo
Y la tozudez en la naturaleza
Que lo define.

Lenta y débil
Va a por la luz,
A por su nítida esencia
Que nunca será opacada
Por lo oscuro
De una representación cualquiera;
Por la inevitable inercia
Del último acto
De una obra sin pausas.

Puntual en su presencia
De todas las mañanas
Observa la escena
En su habitual espontáneo.
Allá abajo la luz
Toma matices más suaves,
Y en urgencia constante
Se ilumina en cada rostro.

Pero en su calma platea
Tal parece que la prisa
Se ha extinguido,
Ha expirado en su figura;
Y la pureza en los rayos
Que han respondido en su rostro
Ya no reluce a sus anchas.

¿A qué apagado horizonte
Diriges la mirada?
¿Qué recuerdos intentas atrapar
En sus intactos retazos?
¿Qué memorias no querrás
Que se las lleven las sombras?

A su palco de sol
Se asoma cada día.
Y cada día…
Suspiro.

 

Este poema viene un poco a explicar mi último Tanka. La imagen es de una ancianita que todos los días sale a coger el sol en el balcón que queda justo delante de donde trabajo. Creo que con eso ha quedado todo claro, no? 😉

La Vela

vela apagada (2)

El prodigio de la vela yace en cera;
El milagro de la llama se ha hecho humo.
Ingrávidas memorias que se mecen
En la calma permanente de lo oscuro.
Mientras erguida y orgullosa
Defendía su fulgor
En esa esquina;
Mientras su cuerpo desnudo
Platicaba en el silencio con las sombras,
En hipnótico vaivén de certezas y recelos;
En ilegible sangrar de quimeras
Y algunas verdades
Que salpicaban del día;
Con su luz nos recordaba
A no falsear deseos
En los siempre oscilantes
Imprevistos del viento;
A no rendir los sueños
Descuidando sus retazos
A los pies de los desvelos,
Sin el intento de alumbrar la noche
Aun sabiendo lo fugaz
De su presencia.