La ciudad II

Darkened Cities – Villes éteintes

Cae la noche,
y la ciudad,
desgastada de otra jornada
de sombras lentas,
pesadas,
incómodas;
vencida del asedio de los chirridos
que han atravesado sus paredes,
doblegado su espíritu de altura;
se olvida de su talle
de asfalto,
abandona su figura
de vidrio y acero;
y en cualquier instante
de aparente silencio
aprovecha para espiar al viento,
a las invisibles ráfagas
que se lo llevan todo,
que borran los restos de las prisas,
de las urgencias que dejan los días
en sus calles.
“Sóplame una historia
que me haga dormir”
Se le escucha susurrar
entre los derrotados sonidos
del metal ya frio y distendido.
“Sílbame un recuerdo,
perezoso a la verdad,
fiel y sincero,
que se deba solo a los sueños,
a sus ilusiones”
Y el viento,
allá en la cima
de su inmortal morada,
escucha su ruego,
el rezo inquieto
de quien busca un hechizo
para el descanso;
y le promete,
como de costumbre,
un despertar bendecido
por una claridad renovada.

Cae la noche,
y la ciudad,
poco a poco,
se va apagando.

Imagen sacada de: https://www.blancaberlingaleria.com/portfolios/darkened-cities/

Anuncios

Coraje I

Campo de trigo con cuervos, Vincent Van Gogh, 1890

Hoy me dedicaría a espantar cuervos;
esos pájaros lóbregos,
sombríos;
aves arrogantes que pululan
sembrando lo negro
sobre los áureos campos
de los pensamientos.
Los dejaría sin cobijo,
sin un lugar donde afianzar
los temores
del oscuro mensaje
que sus plumajes expresan.

Hoy impulsaría a todos los astros,
a cada cuerpo celeste
con brillo propio
-y quizás algo de coraje-
para que desfilen sin pausa
en la solemnidad de la noche;
para que la impregnen de ilusiones,
de sueños confiados,
tan sencillos,
espontáneos,
vigorosos,
como los trazos
con que la luz los define.

Hoy,
sin dudarlo,
me arrancaría de un tajo
el soberbio sonido de todo el miedo
que me susurra,
insistente,
al oído;
y se lo regalaría,
sin pedir nada a cambio,
a ese lienzo infinito
que nos devuelve el reflejo.

La noche estrellada, Vincent Van Gogh, 1889

El farol

Aquel farol extravió su llama
en el remanso de la noche.
Asfixió la luz en su entraña
hasta olvidar el destello
que en sus latidos manaba.
La oscuridad vino entonces,
puntual,
a compartir de las sombras
el arrullo en sus desidias;
disfrazada de lumbre,
como un falso brillo
que busca complicidad
a sus carencias,
le susurró sus tinieblas;
y con los más mansos mimos,
sintiéndose dueña
de todo el espacio
donde su cuerpo yacía,
logró engañar al desvelo
con que alumbraba sus sueños.

Imagen tomada de: https://www.flickr.com/photos/26480634@N04/4098214800/in/photostream

Almohada

Sobre tu almohada de sueño…
¿Cuántas cosas vas dejando?
Las melodías del día
en partituras secretas.
Ese pasado ya seco
que guardabas en un libro
y alguna que otra mirada
volvió a lavarle la cara.
Conversaciones a medias
con algo oculto en la entraña
que se quejaba en el pecho.
La predicción de un latido
para iniciar la mañana.
Utópicas ilusiones
de hacer del mundo tu patio,
para olvidar la molestia
del atropello de un tiempo
que se resiste al destino.

Sobre tu almohada de sueño…
¿Acaso importa la noche
en su respuesta al deseo?
Con los anhelos que cumple
su siempre suave presencia
da igual la sombra que aceche.

Imagen sacada de: https://thompsoncenter.missouri.edu/2017/03/study-targets-sleep-challenges-children-autism-families/baby-1151348_1920/

El Ángel del umbral del sueño

hipna

Solo recuerdo haber escuchado
que las palabras se salvarían
de la quema nocturna.
Tu ya habías hecho tu trabajo:
bajaste al sótano
donde los secretos aguardaban,
húmedos y sombríos,
por la salvación de tus pasos.
Desnudaste el instinto
en el rincón adecuado
para que su sombra
no discrepara en enigmas
con la insumisa penumbra.
Sacudiste los recuerdos,
las ilusiones,
esas mansas y eternas arrendatarias
de quién sabe qué responsables locuras.
Y justo allí,
donde la noche,
con toda confianza,
recitaba sus mantras
para desvanecer
los imposibles del tiempo,
me alejé de tu rastro.
Solo recuerdo tu voz
desde la orilla donde el alma yacía,
repitiendo en su idioma
como una onda extenuada,
que las palabras se salvarían,
resucitarían en las primeras luces
de cualquier ventana.
Yo te creí,
rindiendo la conciencia
ante el despiste del sueño.
¿O fue quizás otro albor
el que mintió a la vigilia?

Autoestima

20180901_123704

Se escucha el rugido
de un felino asustado;
intenta atravesar la noche
con el miedo en los ojos;
ahuyentar los fantasmas
que vagan perdidos
en el bosque del alma.
Su color podría imponerse
a todo rechazo;
en el andar
sería capaz de quebrar
al agravio más fiero
que se enfrente a su imagen;
le sobran las vidas
para tentar a la suerte
sin importar los fracasos.
Pero no lo sabe:
sigue viendo en su reflejo
la timidez del minino;
ese temor de gritar
para absolver al coraje
de la calma en su encierro.
Y ante la vida…
Se ovilla.

 

Poema para el reto de escritura de noviembre “Escribir jugando” del blog de Lídia.

El ángel despertador

reloj

¡Para ya de chillar,
maldita y madrugadora
aparición con alas!
Siempre escupiendo en mi cara
la dosis estricta,
la exacta medida
de ese sonido crispante
que tanto detesta
mi letargo nocturno.
Oportuno con la luz,
da igual el resquicio
que se cruce a tu paso,
parece que supieras
el momento preciso
para interrumpir mi sueño
en su más goloso instante.
¡Apiádate de mí!
¿No puedes ver,
por el ciego contrato
que has pactado en la noche,
por la voluntad de acero
para cumplir con tu voto,
que mis ojos no aguantan
todo el peso del mundo
en tan tempranos reflejos;
que mi cuerpo responde,
con un firme alegato,
a favor de la pereza
y su glorioso encanto?
Te lo suplico,
desde la cómoda calidez
con la que el lecho me abraza,
concédeme el deleite
de esos escasos minutos
donde hasta el reloj se olvida
de preguntar por tu nombre.

 

Imagen sacada de: https://www.figuren-shop.de