El Ángel del umbral del sueño

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Solo recuerdo haber escuchado
que las palabras se salvarían
de la quema nocturna.
Tu ya habías hecho tu trabajo:
bajaste al sótano
donde los secretos aguardaban,
húmedos y sombríos,
por la salvación de tus pasos.
Desnudaste el instinto
en el rincón adecuado
para que su sombra
no discrepara en enigmas
con la insumisa penumbra.
Sacudiste los recuerdos,
las ilusiones,
esas mansas y eternas arrendatarias
de quién sabe qué responsables locuras.
Y justo allí,
donde la noche,
con toda confianza,
recitaba sus mantras
para desvanecer
los imposibles del tiempo,
me alejé de tu rastro.
Solo recuerdo tu voz
desde la orilla donde el alma yacía,
repitiendo en su idioma
como una onda extenuada,
que las palabras se salvarían,
resucitarían en las primeras luces
de cualquier ventana.
Yo te creí,
rindiendo la conciencia
ante el despiste del sueño.
¿O fue quizás otro albor
el que mintió a la vigilia?

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Silencio I

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Quizás fue un encuentro casual.
Alguien te había dejado,
inmóvil,
en el sitio elegido.
Yo venía dando tumbos,
guiado por el azar
de un designio planeado,
marcado por un evento
severo y puntual,
y tropecé con tu imagen.
Mis miradas fueron flechas
intentando hacer blanco en tus ojos;
pero todas caían,
tímidas,
en terreno baldío,
sobre tu escudo
de apariencia inmutable.
Y se abrasó mi alma
en un vacío salvaje,
puro fuego,
voraz e insensible,
que incineró las palabras
antes que pudieran entonar,
del deseo,
su más vívida esperanza;
que desgarró sus virtudes,
sin piedad,
solo para invocar al silencio.

 

Participó en el reto de escritura de octubre “Escribir jugando” del blog de Lídia.

El poeta III

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…y se perdió el poeta.
Fue a extraviarse
entre la misteriosa bruma
de las palabras intrincadas;
en medio del vocabulario,
en sus espacios ásperos,
intensos,
donde nadie más quiere adentrarse
para descifrar un sueño
o un desvelo.
Se precipitó a las metáforas
más escarpadas y enhiestas;
aquellas que le lanzaron tentaciones
sin necesidad de señuelos;
las que en plena caída al vacío
de la ingravidez de sus sentidos
le provocaron cosquillas
imposibles de eludir,
esas suaves heridas del vértigo
que sangran invisibles,
que duelen sin dejar vestigios,
que lo protegieron del juicio
y de la razón inapelables
de unas voces que advertían
del peligro del abismo.
Y se diluyó en las laderas
de esas imágenes
desprovisto de recelos,
como un niño en una piscina
de ilusiones multicolores.
Y se perdió…
Sin una cura para el regreso.

 

Cuadro: Wanderer Above the Sea of Fog (El caminante ante el mar de niebla) de 1818. Autor: Caspar David Friedrich.

Papel (Tanka)

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Afortunado
El papel que conoce
Toda palabra.
Aquellas que amanecen
Y también las que callan.

Ángel del silencio

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Dicen que siempre
Tienes hambre de palabras;
Que ahogarías tu voz en sus aires
Si no te hubieras cortado las alas.
Dicen que creas tu lenguaje en lo oscuro,
Al borde del peligro del olvido;
Que regurgitas esas voces
Hasta convencerte que el sueño
-o la modorra-
No se llevarán lo que engendras,
No secuestrarán tus criaturas
En un sutil despiste de la memoria,
Y así poder recuperarlas
Cuando las sombras vayan menguando.
Dicen que no hablas,
Que no escribes en el viento
Solo para evitar el empacho
De la tranquilidad;
Por no perturbar,
Con inútiles ondas,
La silenciosa calma
En la superficie de ese espacio
Que te has reservado
Para respirar.
Dicen que del silencio
Ya solo escuchas el eco
De las piedras que cayeron
En tu alma.

Migración

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Partieron para olvidar el frío,
La brevedad de la luz en los días;
Los amaneceres grises,
Y esa lluvia que cual fino óxido
Nunca vacila en paralizar
La valentía en las alas.
Se llevaron el color,
El canto;
Su incansable piar,
Reclamo para la vida;
Su picotear sobre la tierra
Y todo lo que emanara
Pasión y ternura.
Se llevaron el divino aleteo
Al fenecer de las tardes,
Su calmo transitar por las alturas
En sutil alarde
De perfecta armonía.
Dejaron solo las sombras;
El reverso de sus vuelos
Arrastrándose por los aires
Intentando transcribir la ingravidez
De la magia de sus danzas.
Dejaron los campos al amparo
De amargas y diminutas bestias
Que se esconden en lo oscuro
Para procrear cual fantasmas
En desespero nocturno.
Y prometieron regresar
Cuando muriera el invierno,
A los eternos parajes
Donde la alegría en sus huellas
Siempre fue elixir,
Bálsamo para la nostalgia;
Eco que resonaba,
Dichoso e incansable,
Sobre los papeles.

 

Imagen sacada de: https://twitter.com/dubailondres

Ángeles contratados

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Los ángeles contratados
Son mercenarios.
Oradores sumisos que disfrazas de musas
Para erigir palabras
Y ondular cánticos,
Crueles antojos en decir la verdad
Para el extraviado.
Se deslizan por las hojas
Moldeando historias pasadas;
Asegurando la confidencia del fuego
Para dejar luz y cobijo
A los que viajan buscando
La maravilla del alma
En cada rincón.
No sé hasta dónde seas tú en esas voces,
Pero dudo que el autoengaño
Sea una pieza más en la motivación
Para seguir a la espera
De ti mismo.
Conozco que te aprendes los finales
Desde el mismo umbral de la incertidumbre;
Que estás al tanto de la historia.
Pero que sabes que si no ves tu reflejo
Solo se trata del espejo de otros;
Pasión que nunca reducirá
La palabra a cenizas;
Inocente semilla implantada
Intentando descifrar las habilidades
De los ángeles.

 

Más de mis antiguos (este no tan antiguo) poemas. Lo escribí, junto con otro que he encontrado hoy, después de releer “Sobre los ángeles” de Rafael Alberti, otro de mis escritores preferidos.