La ciudad III

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De susto en susto
vive la ciudad.
Cada día un sonido distinto
evocando una alarma;
un estallido indomable,
infame,
que humilla la calma
hasta en su más pesada insignia.

De susto en susto
vive la ciudad.
Acorralada por la inquina
de un incierto pasado.
Sufriendo el hedor
de una condena al silencio;
la amenaza constante
que oculta el rostro
donde no se percibe
su infértil mirada;
que cierra los ojos
para evitar el miedo
a su propio semblante;
que arraiga sus dudas
en toda calle huérfana,
hambrienta de idioma y bandera
que les redima el pecado.

De susto en susto
vive la ciudad.
Cada día en el centro
de un porfiado abandono,
que como lluvia estancada,
resistiendo el partir,
solo deja humedades;
pus rabiosa,
indigna al recuerdo,
pretendiendo contagiar su plaga
sin importarle quien sufra;
y tristes huellas viciadas
que no merecen pisadas.

Peligro

Storm birds
https://file.army/i/Eks8ML

Siempre hay un silbido
cuando la tempestad asoma;
un susurro ligero
que nos avisa del riesgo.
¿Qué voz es esa que clama,
a tiempo,
por su ofrenda?
-Silencio-
Ya nadie escucha.
Después que un albor
nos acomodara en la tierra
la intuición torció el rumbo;
se perdió en el olvido
reconocer la llamada,
descifrar su advertencia.
Solo de bestias percibíamos
la amenaza en la tormenta:
hablábamos,
sin reparos,
el idioma de sus vientos.
Pero la fina luz nos robó
el instinto del presagio,
de adivinar las desgracias
por el sentido del juicio.
Nos olvidamos de correr
ante el peligro inminente.