Los días pasan…

Interpretación de “Sol de Mañana” de Edward Hopper para portada de “La desaparición de Stephanie Mailer

Ven noche
Suene el reloj
Los días pasan
Yo no.

G. Apollinaire.

Me muevo ajeno
a cualquier calendario.
Los días son sumas
de las mismas palabras;
restas de tiempo
sobre sus hojas en blanco.
Ando con sueño de este mundo;
con pereza de cualquier otro.
Tengo el espíritu cansado
y los hombros
que ya no sostienen
ni el peso del aire.
Mantengo abierta la ventana
que me cuenta
la noche y el día;
una abertura
para contemplar
las direcciones del viento;
los caminos
por los que algunos van
y otros vienen
-el sentido lo imagino
con la voluntad del aliento-
por los que algunos se van,
y otros…
¡qué más da!
¿Valdrá la pena
seguir adivinando,
en números y fórmulas,
con frases caducas
que regurgitan su ira,
este infinito que se alarga
repitiendo los pasos;
el avaro universo
que solo compensa
mi vista extenuada,
la mente irascible,
el músculo apagado,
con unos soles fugaces?

Me muevo ajeno
a cualquier calendario.
“Los días pasan,
yo no.”

Los nuevos sacerdotes

“- ¡Alfredo¡
– ¿Si?
– Puedes comenzar.”
Cinema Paradiso

Suena la campana
de los nuevos sacerdotes.
Trae fuego
y destrucción
con un sonido caduco;
deseos de amputar la historia
monumento a monumento:
sus partes bien escogidas
por la censura de moda.

Suena la campana
de los nuevos sacerdotes.
Son novatos espontáneos,
improvisados tenores de la verdad,
que voraces de oportunismo
amplifican la voz
para ver si su rabia hace eco
más allá de la espuma,
del gruñido.
Esos que solo conocen
las palabras para el insulto;
el sudor
-ajeno-
para la tertulia
en sus modernas capillas.
Los que visten la sotana
para lanzar piedras al arte
porque su religión lo permite;
y esparcen un subversivo sermón
que creen inmune a réplicas
y razones.

Suena la campana
de los nuevos sacerdotes.
Quieren amparar su rumor
bajo la libertad
y el derecho;
pero silencian la sensatez
en cada pedazo de vida,
y consideran obsceno un pasado
que vibre ajeno a su credo.

Suena la campana
de los nuevos sacerdotes.
¡Cerrad puertas y ventanas!
-por si acaso-

Pies en tierra

ilovegreeninspiration.com

Olvídate,
por un día,
de los sonidos asépticos
del aire.
Descarta el vuelo de los ángeles
si van vestidos de musas;
no pronuncies sus nombres
ni conjures la excelencia
de sus artes.
Retén esa inspiración
de amaneceres inmunes
vacunados contra la censura
-aunque salga de ti esa condena-.
Extravía el frescor
de tu lírica cristalina:
los desamores,
la soledad
y la nostalgia,
pueden esperar.
Baja,
al menos una vez,
a mezclarte con el barro
de las sinrazones terrenas;
que se camuflen tus sentidos
con cada mota del limo
que quedo en esos escombros
-quizás encuentres justicia-.
Ensúciate;
contamina tu piel
con el polvo acumulado
en las ruinas que dejó el silencio;
seguro que aciertas
y descubres la causa
donde tu grito es más fértil.
Y cava;
rebusca en las infamias
hasta que se desmayen tus dedos
de la erosión;
hay verdades ocultas
bajo capas de miedos
que necesitan un canto,
ver luz;
o sentir el arropo de alguna palabra
que no le importe
el peligro.

Expertos

Pides que caiga un diluvio;
que baje una tromba
corriendo cual sangre salvaje,
pura,
caliente,
para acallar el silencio de las calles
-que dices-
no te deja dormir.
Aseguras que hay vicio
y sequía
ocultos en cada esquina;
que toda ventana que mira afuera
luciendo la libertad en sus cristales
va llena de polvo,
de mugre pudiente
que infecta la vista
y atenta contra el sentido
de la equidad.
Reclamas,
con ademanes de experto,
esa nube tempestuosa
que barra venenos y roñas
según tu credo más fiero,
ajeno al suelo
y su historia.
Pero no conoces la tormenta
más allá de los escritos;
de los cuentos ilustrados
con seductoras estampas,
caligrafía perfecta
sobre papeles mortales.
No has visto de cerca el relámpago
ni su sonido afilado;
no has sufrido
la hipocresía en su luz,
que ilumina un instante
creyendo eterno,
y justo,
el destello;
que va a clavarse al oído
hasta asfixiarlo en estruendos
culpando luego a los vientos.
Y seguro,
de esa lluvia
que reivindicas con ansia,
nunca has probado una gota.

Oda al calcetín con agujero

Lucky Patriots Sock – Chip Griffin

A Neruda

Mutilado sin remedio;
digno veterano de porte raído
que hueles a sueño estancado,
a inevitable partida.
Inerte funcionario
del confort y el amparo,
desvaído en tu oficio
que por inercia
su contrato no acaba.
Áspero,
mustio;
despeinado y arrugado
sirviente de mis pasos.
Devoto resignado
a guardar silencio;
fiel confidente
de las iras y agravios
de corrompidos aromas.
Ilustre en colores vagos,
en estampados seniles.
Se que aún finges ser diestro
en tu más noble conducta,
esa obediencia sin tacha
de la que siempre he abusado;
pero prudencia,
que tu pasión no es un templo
para intentar imposibles
rezando solo al pasado;
y retírate al olvido
mientras tu gloria esté intacta.
Ten,
el justo pago a la bondad,
a tu paciencia;
el merecido equilibrio
a la humillación
de estos años:
te libero.
¡Adiós!
¡A la basura!

Lluvia II

Escucha,
lluvia,
el clamor de los paraguas
navegando en la sequía.
Si el árido cielo,
experto en auditar lamentos,
en decidir,
con un gesto,
qué deseo vive,
cual es el sueño que merece abrir los ojos
y afianzar sus causas,
solo mira abajo para fascinar
a los cómplices de la sed
y las penurias;
para seducir a los aprendices
de lo estéril,
a los sabios obsoletos
que nunca reconocieron la historia
de la putrefacción,
del hambre;
y oculta la humedad de tu rostro
según convenga a su credo,
con las mentiras más falsas
que la modestia en su altura;
tendrás que decidir ser libre
y caer…
caer…
caer…
sin temer al castigo
que te impondrá el supremo
de ese único reino,
injusto,
que se piensa eterno,
absoluto.

Demostración de poder

Pudo más el nervio,
su incontrolable fibra silente,
que dejó solo óxido y ardor
como consuelos;
esquirlas de carne indefensa,
desorientadas
y decrépitas,
mendigando el absurdo placer
en la terquedad de los castigos.
Pudo más el impulso ilógico
al dolor de las ruinas;
a la delicia áspera,
amarga,
que se aferraba a los desgarros.
Pudo mucho más el nervio,
que conquistó como un bárbaro
la cúspide de sus dedos.

Las prisas (y el Verso)

Si amaneces sediento
no pienses tanto en palabras.
Bebe,
verso,
de la calma de los pantanos
que nacieron en la noche;
del silencio en las raíces
que no perturba a la tierra;
de la costumbre de la niebla
a deslizarse en sigilo.

Si despiertas con apetito de aire,
con la avidez de respirar y respirar
para aliviar la opresión de las sombras
que no pudieron marcharse,
inhala,
exhala,
verso,
según las normas de la inercia
en el recuerdo de un sueño.

Si abres los ojos y desesperas
por tantear la luz y secuestrar sus labios,
detente,
verso,
en ese umbral donde la urgencia
ni se preocupa ni se inquieta.
No te entregues al mundo
sin planear bien el beso,
sin imaginar las secuelas.
No pienses tanto en palabras.

Pesimismo

Deja ya de escuchar
el viejo rumor del hacha
sobre la madera indefensa;
de presentir el olor del fuego
ensangrentado en ruinas;
de vigilar al viento como duerme,
satisfecho,
sobre sus destrozos.

Deja ya de delatar al polvo
con el dedo que acusa
buscando argumentos;
de acreditar el fracaso de la luz,
para no comprender su brillo,
solo con el testimonio de las sombras;
de imaginar la traición del equilibrio
y renegar la virtud de su suerte.

Deja ya de decir que el camino
es solo alarmas veladas
esperando nerviosas bajo la bruma;
que no merece la pena tantear un cauce
con el temor al descuido;
que aquel bosque perdido no existe
mas que en desgarros suspendidos del aire
que asfixian, con lo impuro, la esperanza.

Deja ya de aparentar que vas por la vida
silbando una canción con lumbre,
cuando solo cargas melodías
que se apagan con el roce de los sueños.

El mago

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El mago ya no sube al escenario.
Cada día se mira al espejo,
donde el telón aún no ha bajado,
y se saca un as de la manga,
arrugado,
borroso;
pero con la misma habilidad de siempre.
Allá al fondo se escucha su sorpresa,
unos aplausos dispersos
y alguna que otra risita
que le recuerda al fracaso.
“¡No te preocupes!”
-Le dice a su reflejo-
Pronto será una paloma,
un conejo;
o un magistral acto de desaparición.