Peligro

Storm birds
https://file.army/i/Eks8ML

Siempre hay un silbido
cuando la tempestad asoma;
un susurro ligero
que nos avisa del riesgo.
¿Qué voz es esa que clama,
a tiempo,
por su ofrenda?
-Silencio-
Ya nadie escucha.
Después que un albor
nos acomodara en la tierra
la intuición torció el rumbo;
se perdió en el olvido
reconocer la llamada,
descifrar su advertencia.
Solo de bestias percibíamos
la amenaza en la tormenta:
hablábamos,
sin reparos,
el idioma de sus vientos.
Pero la fina luz nos robó
el instinto del presagio,
de adivinar las desgracias
por el sentido del juicio.
Y nos olvidamos de correr
ante el peligro inminente.

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Instrucciones para… II

Escapar.
Alejarse de esta tierra mansa,
de su roce fatal.
Correr en dirección contraria
a su viejo abrazo;
al apretón porfiado
que se resiste a olvidarnos.
Intentar ser una semilla con alas
que reanuda su viaje
a lo silvestre;
donde cada promesa renace
bajo el verde e inédito amparo
del arrullo de una estación indómita.
Y aguardar a esa voz primera,
la seducción ya olvidada
de cualquier deseo;
aunque sea un simple susurro,
víctima de su propia cautela,
que nos recuerde algún eco amargo
extraviado en el camino.

.

Puertas

Veía puertas por todas partes.
Sus puertas al reino
de quien sabe que salvación.
Veía puertas;
puertas rojas,
verdes,
amarillas.
Puertas de madera,
de anti-madera;
transparentes y
frágiles;
sucias,
ajadas por las asperezas
de una existencia
que también era la suya.
Veía puertas si miraba a la izquierda,
si giraba los ruegos hacia su diestra.
Y si cerraba los ojos
en un intento de auto-suicidio fugaz,
también las veía.
Puertas inquisidoras,
tentadoras,
humildes,
arrogantes.
Puertas claras y justas
en sus formas;
legibles en el dialecto
que lanzaban al vacío.
Puertas donde la oscuridad
se presentía al primer vistazo;
donde la desconfianza y el miedo
cumplían con la atrocidad de sus faenas.
Puertas abriéndose,
cerrándose;
dejando sus umbrales
al alcance de cualquier denuedo;
prometiendo certezas a la dudas;
ofreciendo lo que siempre pudo ser,
lo que quizás volvería a suceder.
Y las veía por todas partes
-puertas,
puertas,
puertas…-
a todas horas;
pero nunca se atrevió a tocarlas.

Imagen sacada de: http://www.pinterest.es/pin/389491067754553069/

Silencio III

“Cuentan que cuando un silencio aparecía entre dos
era que pasaba un ángel que les robaba la voz. “
Silvio Rodríguez

Pasó el silencio
y no dijo nada.
Caminó desnudo
entre miradas rotas,
cabizbajas.
Fue incapaz de pronunciar su sombra,
la lenta y pesada corona
que siempre precede a sus penas.
Pasó el silencio
arrepentido de su juicio,
de sus razones malditas,
hambrientas,
codiciosas de amparo;
abrumado por esas voces ya insalvables,
tan incisivas en la osadía
como la angustia de un beso
que vacila ante su vicio.
Pasó el silencio,
enmudeció los sentidos,
paralizó el aire;
se detuvo en la altura
a contemplar la impetuosa obra
de los hartazgos.
Y ni su ángel
pudo salvar el momento.

Imagen sacada de: http://m.yukle.mobi/sekil-yukle/

Instrucciones para… I

Cliffs of Moher (Ireland) - Acantilados de Moher (Irlanda)
Acantilados de Moher (Irlanda) – Eva Ceprian

Ser paciente.
Esperar a que suba el mar,
sin prisa.
Abandonarse al borde de su acantilado,
en la impetuosa y excitante puerta
al mundo de lo profundo.
Tener convicción
de que llegarás al fondo
en cada salto
que te reclamen los sentidos;
aunque no veas la luz
ni te ilumine la certeza.
Respirar,
entonces,
ignorando el indeciso vaivén
con que intimidan las corrientes;
las idas y venidas del océano
en la volubilidad de su genio.
Mirar a ambos lados;
y lanzarse.

La ciudad II

Darkened Cities – Villes éteintes

Cae la noche,
y la ciudad,
desgastada de otra jornada
de sombras lentas,
pesadas,
incómodas;
vencida del asedio de los chirridos
que han atravesado sus paredes,
doblegado su espíritu de altura;
se olvida de su talle
de asfalto,
abandona su figura
de vidrio y acero;
y en cualquier instante
de aparente silencio
aprovecha para espiar al viento,
a las invisibles ráfagas
que se lo llevan todo,
que borran los restos de las prisas,
de las urgencias que dejan los días
en sus calles.
“Sóplame una historia
que me haga dormir”
Se le escucha susurrar
entre los derrotados sonidos
del metal ya frio y distendido.
“Sílbame un recuerdo,
perezoso a la verdad,
fiel y sincero,
que se deba solo a los sueños,
a sus ilusiones”
Y el viento,
allá en la cima
de su inmortal morada,
escucha su ruego,
el rezo inquieto
de quien busca un hechizo
para el descanso;
y le promete,
como de costumbre,
un despertar bendecido
por una claridad renovada.

Cae la noche,
y la ciudad,
poco a poco,
se va apagando.

Imagen sacada de: https://www.blancaberlingaleria.com/portfolios/darkened-cities/

La ciudad I

Dream City in rain por Sanjay Dhawale

Cae la lluvia
y la ciudad se transfigura;
enloquece;
pierde los papeles,
sus sombras de rutina;
se olvida de lo esencial
cuando siente sobre su piel
la húmeda caricia de la borrasca.

Cae la lluvia
y la ciudad se desviste de inercias;
elige muy bien sus prisas,
la forma de acrecentarlas.
Y la lealtad que guarda,
como una preciada costumbre,
a los calmos y mustios rumores
de esa edad destinada al olvido,
se esfuma,
desvanece su fiel promesa
al primer chasquido de la tormenta.

Cae la lluvia
y la ciudad vibra,
retumba,
se estremece;
sacia su sed de optimismos,
se sacude la sequedad de sus penas.
Todo parece más vivo,
de un color agua ligero
que se adhiere a cada cuerpo
buscando sus brillos ocultos;
descubriendo el reflejo,
la alegre imagen de sus semblantes
en una dimensión temporal,
incierta.

Cae la lluvia,
y la ciudad,
poco a poco,
va saliendo a flote
de la sequía en sus sueños;
y el viejo anhelo de conquistar
todos los charcos de un salto,
revive.