Puertas

Veía puertas por todas partes.
Sus puertas al reino
de quien sabe que salvación.
Veía puertas;
puertas rojas,
verdes,
amarillas.
Puertas de madera,
de anti-madera;
transparentes y
frágiles;
sucias,
ajadas por las asperezas
de una existencia
que también era la suya.
Veía puertas si miraba a la izquierda,
si giraba los ruegos hacia su diestra.
Y si cerraba los ojos
en un intento de auto-suicidio fugaz,
también las veía.
Puertas inquisidoras,
tentadoras,
humildes,
arrogantes.
Puertas claras y justas
en sus formas;
legibles en el dialecto
que lanzaban al vacío.
Puertas donde la oscuridad
se presentía al primer vistazo;
donde la desconfianza y el miedo
cumplían con la atrocidad de sus faenas.
Puertas abriéndose,
cerrándose;
dejando sus umbrales
al alcance de cualquier denuedo;
prometiendo certezas a la dudas;
ofreciendo lo que siempre pudo ser,
lo que quizás volvería a suceder.
Y las veía por todas partes
-puertas,
puertas,
puertas…-
a todas horas;
pero nunca se atrevió a tocarlas.

Imagen sacada de: http://www.pinterest.es/pin/389491067754553069/

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Las puertas

Las puertas,
bondadosas y gentiles,
en la infinita humildad
que caracteriza el sonido
con el que guardan su alma,
desde bien temprano,
van compartiendo,
como el que entrega un secreto
en un estruendo sereno,
hasta el más suave eco,
sumiso a cualquier voluntad
de enfurecer los silencios,
que se desprende
cuando sus alas se pliegan.