Silencio III

“Cuentan que cuando un silencio aparecía entre dos
era que pasaba un ángel que les robaba la voz. “
Silvio Rodríguez

Pasó el silencio
y no dijo nada.
Caminó desnudo
entre miradas rotas,
cabizbajas.
Fue incapaz de pronunciar su sombra,
la lenta y pesada corona
que siempre precede a sus penas.
Pasó el silencio
arrepentido de su juicio,
de sus razones malditas,
hambrientas,
codiciosas de amparo;
abrumado por esas voces ya insalvables,
tan incisivas en la osadía
como la angustia de un beso
que vacila ante su vicio.
Pasó el silencio,
enmudeció los sentidos,
paralizó el aire;
se detuvo en la altura
a contemplar la impetuosa obra
de los hartazgos.
Y ni su ángel
pudo salvar el momento.

Imagen sacada de: http://m.yukle.mobi/sekil-yukle/

Tiempo III

Algún día te vas a separar
de ese beso infinito
que le robaste al espacio.
Tus labios cansados,
tu lengua ya marchita
volverán a su calma,
tornarán al origen de lo prudente,
como quien regresa a casa
vencido,
desilusionado,
después de buscar,
entre el azar y lo incierto,
una chispa de locura.
No serás nadie
-ni nada-
en ese instante en que el silencio
tomará posesión de tu sino;
ni escucharás la queja grave
que siempre frenaba
la inercia en tu equilibrio;
ni sentirás al latido apagarse
ante toda la miseria
que dejo la usura,
el egoísmo de una vida ciega
que giraba y giraba
sin importarle tu alma.
Algún día volverás,
retornarás al momento
cuando despertó tu sueño,
y solo será para volver a nacer
sin el dolor de la existencia,
sin la memoria
de un signo errante;
para hacer brotar la esperanza
donde lo divino
siempre ha sido umbrío,
indescifrable,
con la indudable sensación
de que cada minuto de la virtud
que le dio nombre a tu aliento,
ya había ahogado su murmullo
en algún océano extinto;
y volverá a resoplar,
por las mismas soledades,
en cualquier viento nonato
que hará del polvo
tu más fiel compañía.

Tiempo II

Soy la cosecha invisible
de un instante de locura;
el ser indomable
que retoñó del capricho divino
de hacer mortal la esperanza;
que no quiso invertir en lo eterno
por no agobiar al deseo.
Soy el silencio,
y el oscuro luto que lo provoca;
la palabra aún anclada
a la pasión en su origen;
libre en su entrópica onda,
maldita por la honesta actitud
en no ocultar el final
de su significado.
Soy el caótico púlsar que se esconde
en el tejido de la memoria;
esa singularidad que late y respira
con el pretexto constante
de reclamar espacio
para su lánguido eco;
donde retener cada gota de esencia
de un voluble universo
que se ha desangrado,
inevitable,
sobre mi cuerpo.

Las puertas

Las puertas,
bondadosas y gentiles,
en la infinita humildad
que caracteriza el sonido
con el que guardan su alma,
desde bien temprano,
van compartiendo,
como el que entrega un secreto
en un estruendo sereno,
hasta el más suave eco,
sumiso a cualquier voluntad
de enfurecer los silencios,
que se desprende
cuando sus alas se pliegan.

Silencio II

silencio

Se ha extraviado mi voz.
Poco a poco
fue perdiendo su instinto
de encontrar los caminos
para escapar de la calma,
donde fingir el irritante sopor
en sus flaquezas.
El silencio,
como un ocaso anunciado
cuando la ilusión fenece,
ha cubierto sus palabras
con un hábito de niebla,
gris,
apagado;
y en la holgura de su capa
ha ocultado
el siempre débil sonido
de sus rumores.
Se ha extraviado mi voz
en sus propios presagios
de ignorar las salidas;
se ha olvidado
de improvisar los atajos,
y ya no atina
ni cuando pisa en sus huellas.

Estados de ánimo (día de lluvia)

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El día será largo y quebradizo.
Imposible desviar la vista
de este cielo agreste
que amaneció en tinieblas.
Al menor silencio
su mensaje ladrará en mi entraña
con un color de espanto;
y lo grave en su latir tupido
se podrá advertir,
como un galope salvaje
que castiga al temple
con su eco,
en esa fibra que siempre olvida,
por no dañar su capa,
la fría voluntad de la lluvia
en un otoño cualquiera.

Silencio I

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Quizás fue un encuentro casual.
Alguien te había dejado,
inmóvil,
en el sitio elegido.
Yo venía dando tumbos,
guiado por el azar
de un designio planeado,
marcado por un evento
severo y puntual,
y tropecé con tu imagen.
Mis miradas fueron flechas
intentando hacer blanco en tus ojos;
pero todas caían,
tímidas,
en terreno baldío,
sobre tu escudo
de apariencia inmutable.
Y se abrasó mi alma
en un vacío salvaje,
puro fuego,
voraz e insensible,
que incineró las palabras
antes que pudieran entonar,
del deseo,
su más vívida esperanza;
que desgarró sus virtudes,
sin piedad,
solo para invocar al silencio.

 

Participó en el reto de escritura de octubre “Escribir jugando” del blog de Lídia.

Ángel del silencio

anjos

Dicen que siempre
Tienes hambre de palabras;
Que ahogarías tu voz en sus aires
Si no te hubieras cortado las alas.
Dicen que creas tu lenguaje en lo oscuro,
Al borde del peligro del olvido;
Que regurgitas esas voces
Hasta convencerte que el sueño
-o la modorra-
No se llevarán lo que engendras,
No secuestrarán tus criaturas
En un sutil despiste de la memoria,
Y así poder recuperarlas
Cuando las sombras vayan menguando.
Dicen que no hablas,
Que no escribes en el viento
Solo para evitar el empacho
De la tranquilidad;
Por no perturbar,
Con inútiles ondas,
La silenciosa calma
En la superficie de ese espacio
Que te has reservado
Para respirar.
Dicen que del silencio
Ya solo escuchas el eco
De las piedras que cayeron
En tu alma.

Regreso

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Con estos escritos comencé mi recorrido por este blog y quizás también una nueva etapa en mi poesía. Los vuelvo a compartir pues creo que se merecen una segunda oportunidad. Bueno, por eso y porque ando un poco falto de imaginación…

Regreso

I

Me voy a aullarle a la luna.
Dejo atrás la ciudad y sus puertas;
El número exacto de pasos
Para llegar a casa;
Y ese lugar donde esquino
Pensamientos y desvelos.

Estoy cansado de la manta, del abrigo;
De esta piel marcada de besos y espinas;
Del paso de los años sobre mis huesos.

Vencido por los recuerdos
Y los límites para el olvido;
Aun sin la certeza de la razón de mi deseo,
Me voy, regreso al bosque.

Quiero aullarle a la luna;
O simplemente
Correr detrás de una manada,
Aunque solo sean sombras.

II

¡Escucha!
Ahí está el bosque
En su oscura cercanía.
¿Sabes quién grita en las sombras…
-Es el silencio:
Su frio encanto-
Quién habita en la espesura?
-El tiempo:
Su gentil espanto-
Camino adelante…
Las huellas que ha tatuado el viento;
Las ramas humilladas de un otoño;
El eco de la luna en su sereno.
¡Escucha!

III

He recuperado ese primitivo andar
Sobre piedras y raíces;
La sensación de la piel desnuda
Que respira en la hojarasca.

He vuelto a beber de la humedad
De las cortezas;
A satisfacer mis manos
Con la sangre de hurgar en tierra.

Puedo sentir el latir del bosque a cada paso;
Como se quiebra la luz entre las ramas…
Al animal que habita donde despierta la luna.

¡He regresado!

Regreso II

¡Escucha!
Ahí está el bosque
En su oscura cercanía.
¿Sabes quién grita en las sombras…
-Es el silencio:
Su frio encanto-
Quién habita en la espesura?
-El tiempo:
Su gentil espanto-
Camino adelante…
Las huellas que ha tatuado el viento;
Las ramas humilladas de un otoño;
El eco de la luna en su sereno.
¡Escucha!