Tiempo III

Algún día te vas a separar
de ese beso infinito
que le robaste al espacio.
Tus labios cansados,
tu lengua ya marchita
volverán a su calma,
tornarán al origen de lo prudente,
como quien regresa a casa
vencido,
desilusionado,
después de buscar,
entre el azar y lo incierto,
una chispa de locura.
No serás nadie
-ni nada-
en ese instante en que el silencio
tomará posesión de tu sino;
ni escucharás la queja grave
que siempre frenaba
la inercia en tu equilibrio;
ni sentirás al latido apagarse
ante toda la miseria
que dejo la usura,
el egoísmo de una vida ciega
que giraba y giraba
sin importarle tu alma.
Algún día volverás,
retornarás al momento
cuando despertó tu sueño,
y solo será para volver a nacer
sin el dolor de la existencia,
sin la memoria
de un signo errante;
para hacer brotar la esperanza
donde lo divino
siempre ha sido umbrío,
indescifrable,
con la indudable sensación
de que cada minuto de la virtud
que le dio nombre a tu aliento,
ya había ahogado su murmullo
en algún océano extinto;
y volverá a resoplar,
por las mismas soledades,
en cualquier viento nonato
que hará del polvo
tu más fiel compañía.

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El farol

Aquel farol extravió su llama
en el remanso de la noche.
Asfixió la luz en su entraña
hasta olvidar el destello
que en sus latidos manaba.
La oscuridad vino entonces,
puntual,
a compartir de las sombras
el arrullo en sus desidias;
disfrazada de lumbre,
como un falso brillo
que busca complicidad
a sus carencias,
le susurró sus tinieblas;
y con los más mansos mimos,
sintiéndose dueña
de todo el espacio
donde su cuerpo yacía,
logró engañar al desvelo
con que alumbraba sus sueños.

Imagen tomada de: https://www.flickr.com/photos/26480634@N04/4098214800/in/photostream