Coraje I

Campo de trigo con cuervos, Vincent Van Gogh, 1890

Hoy me dedicaría a espantar cuervos;
esos pájaros lóbregos,
sombríos;
aves arrogantes que pululan
sembrando lo negro
sobre los áureos campos
de los pensamientos.
Los dejaría sin cobijo,
sin un lugar donde afianzar
los temores
del oscuro mensaje
que sus plumajes expresan.

Hoy impulsaría a todos los astros,
a cada cuerpo celeste
con brillo propio
-y quizás algo de coraje-
para que desfilen sin pausa
en la solemnidad de la noche;
para que la impregnen de ilusiones,
de sueños confiados,
tan sencillos,
espontáneos,
vigorosos,
como los trazos
con que la luz los define.

Hoy,
sin dudarlo,
me arrancaría de un tajo
el soberbio sonido de todo el miedo
que me susurra,
insistente,
al oído;
y se lo regalaría,
sin pedir nada a cambio,
a ese lienzo infinito
que nos devuelve el reflejo.

La noche estrellada, Vincent Van Gogh, 1889

Autoestima

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Se escucha el rugido
de un felino asustado;
intenta atravesar la noche
con el miedo en los ojos;
ahuyentar los fantasmas
que vagan perdidos
en el bosque del alma.
Su color podría imponerse
a todo rechazo;
en el andar
sería capaz de quebrar
al agravio más fiero
que se enfrente a su imagen;
le sobran las vidas
para tentar a la suerte
sin importar los fracasos.
Pero no lo sabe:
sigue viendo en su reflejo
la timidez del minino;
ese temor de gritar
para absolver al coraje
de la calma en su encierro.
Y ante la vida…
Se ovilla.

 

Poema para el reto de escritura de noviembre “Escribir jugando” del blog de Lídia.

El poeta II

day seven.

Te asusta el poeta.
Su último libro
Duerme en tu estante
Confiado del polvo.
Sus páginas,
Esclavas marcadas,
Reclusas del capricho;
Su corpórea figura,
Te aseguran regreso.

Te asusta el poeta
Después de haber saqueado su carne,
Roído sus huesos
Y amoldado el despojo
A tu instinto caníbal;
Después de naufragar
En una orgásmica marea
Donde sobraron palabras;
Y saber que resucitas,
Una y otra vez,
Al hambriento reclamo
De esa mirada sin pausas.

Te asusta el poeta.
Le temes a las lunas que sometió;
A los demonios que alimentaba
En sus noches de hastío;
A los fantasmas que en vida
Le drenaban el deseo.
Y te imaginas esos vientos
Que movían sus velas;
Y pierdes el sueño
Por su tinta dormida.

Te asusta el poeta
Y en silencio prohíbes
Que salga a la noche
A mendigar sus sombras,
A recorrer lo oscuro
Para exprimir la luz
Que esconde en sus entrañas.
Y poco a poco,
Temor a temor,
Lo vas perdiendo.

 

Imagen sacada de: https://www.flickr.com/photos/drew_photography/