Tiempo V

Asómate a este océano
que retumba en cada entraña;
a este mar donde resuenan
los cantos ya olvidados,
las penas que volverán a extraviarse
como débiles gaviotas,
lejanas,
etéreas,
en su noche.
¿Acaso no lo sientes?
Es mi cuerpo;
su invisible,
irremediable
silueta donde todo se precipita;
es el nervio con el que doy forma
a lo efímero de cada aliento,
al impulso que recauda,
de los pasos,
sus momentos de reposo;
es la profundidad
del pozo donde custodio,
celoso,
esas monedas,
ya viudas del deseo,
que se ahogaron en sus ruegos
intentando la fortuna,
la suerte que nunca concederé
ni en sueños.

Asómate a este océano,
virgen al salitre,
a la arena;
ciego a la tierra
que algún día acunó
tu inocencia de mar;
cuerdo,
predispuesto
a la pericia de divisar la espuma
donde las olas que rompo
recuperan su confianza;
y si pudieras descifrar,
predecir el sabor de la bruma
cuando la desvanezco,
el sonido de las sirenas
de los navíos moribundos,
adormecidos
en mi aparente apatía,
no se lo cuentes a nadie.

Imagen sacada de: https://st3.depositphotos.com

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Ludopatía

Cada día apuesto,
inconsciente,
esa virtud confiada
que aparenta ser eterna.
Me juego, sin pensarlo,
todo el tiempo
que nunca vendrá a salvarme
en mis descuidos;
todo el tiempo
que no he podido retener,
ni haciendo trampas,
en la mano de mi suerte;
y más que nada,
todo el tiempo
que cargo,
como un recuerdo inerte,
como esa foto seca
y arrugada
donde el color ya se olvidó
de sus firmezas,
en la preocupación
de mi existencia.

Tiempo IV

Dame de tu savia
sin reparos.
Déjame beber con ganas
de la fuente que tu cauce inunda,
libre en la condena de evocar
el nombre que elegiste;
ingenuo del peligro
de mitigar toda esta sed de otoño
sorbiendo cada gota
con la avidez de lo lozano;
despertando ese ímpetu sensato
que alguna vez fue franco
e imprudente.
Permite que se calme mi garganta
sin que sienta el peso
del agua que custodias;
ignorando la huella,
cada vez más grave y turbulenta,
de su torrente.
Consiente que mis manos
sean el cuenco de los excesos piadosos,
la humilde vasija que no deje escapar
ni un suspiro de los antiguos reflejos;
pero no inocules,
en la oquedad de sus firmezas,
el miedo a la gélida sensación
que se adivina en tu mirada.

Tiempo III

Algún día te vas a separar
de ese beso infinito
que le robaste al espacio.
Tus labios cansados,
tu lengua ya marchita
volverán a su calma,
tornarán al origen de lo prudente,
como quien regresa a casa
vencido,
desilusionado,
después de buscar,
entre el azar y lo incierto,
una chispa de locura.
No serás nadie
-ni nada-
en ese instante en que el silencio
tomará posesión de tu sino;
ni escucharás la queja grave
que siempre frenaba
la inercia en tu equilibrio;
ni sentirás al latido apagarse
ante toda la miseria
que dejo la usura,
el egoísmo de una vida ciega
que giraba y giraba
sin importarle tu alma.
Algún día volverás,
retornarás al momento
cuando despertó tu sueño,
y solo será para volver a nacer
sin el dolor de la existencia,
sin la memoria
de un signo errante;
para hacer brotar la esperanza
donde lo divino
siempre ha sido umbrío,
indescifrable,
con la indudable sensación
de que cada minuto de la virtud
que le dio nombre a tu aliento,
ya había ahogado su murmullo
en algún océano extinto;
y volverá a resoplar,
por las mismas soledades,
en cualquier viento nonato
que hará del polvo
tu más fiel compañía.

Tiempo II

Soy la cosecha invisible
de un instante de locura;
el ser indomable
que retoñó del capricho divino
de hacer mortal la esperanza;
que no quiso invertir en lo eterno
por no agobiar al deseo.
Soy el silencio,
y el oscuro luto que lo provoca;
la palabra aún anclada
a la pasión en su origen;
libre en su entrópica onda,
maldita por la honesta actitud
en no ocultar el final
de su significado.
Soy el caótico púlsar que se esconde
en el tejido de la memoria;
esa singularidad que late y respira
con el pretexto constante
de reclamar espacio
para su lánguido eco;
donde retener cada gota de esencia
de un voluble universo
que se ha desangrado,
inevitable,
sobre mi cuerpo.

Tiempo I

Recuerda.
Vuelve en la memoria
a ese débil instante
cuando todo parecía eterno;
a la jaula donde ilusión y certeza
compartían el mismo grano,
la misma gota reprimida
en el embrión del llanto,
lágrima ingenua del caos
con un sabor a infinito
que terminó por deslizarse
a los labios de la nada.
Recuerda y di,
si la compasión alguna vez
dejó huella en tu habla,
como aprendiste el lenguaje
para controlar la libertad
con tu mirada;
como lograste inventar
la gravedad de las sombras
para que tus palabras
encontraran los límites del deseo.
Recuerda,
por favor,
no dejes a la duda
ser el insensible clavo,
el instrumento oportuno
para consumar la amargura
antes que irrumpa el silencio;
y di,
con el más claro semblante
aunque de hipocresía estés harto,
que esa absurda manía
de provocar en los recuerdos
frustración,
pesimismo,
desnudando a la nostalgia
cuando el regreso
ya se sabe inútil,
ha sido solo el engaño
que tu hacedor te ha confiado
para dejarnos a oscuras.

Imagen sacada de: https://www.ibtimes.co.uk/big-bang-big-bounce-our-universe-formed-after-another-collapsed-itself-1570426

Reloj

“Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo.”
Julio Cortázar

¡Tiempo!
Suele venir en relojes.
En su severo mecanismo
la nada imperceptible se disfraza;
cambia a capricho;
se pasea invisible
entre las marcas que lo nombran
y esos alegres numeritos
que se desgastan
bajo su no tan etérea sombra.
Con la menor diplomacia,
haciendo gala en diseños
donde simula,
de si mismo,
una prisión infranqueable,
quiere cautivarnos,
poseernos,
naufragarnos
en su insistente sonido
que no es más que un preaviso,
el recuerdo constante
de su apetito,
una cuenta atrás para llegar,
en tiempo,
a sus fauces.

Imagen tomada de: https://www.wallpaperup.com